Frases

img_20170104_200606img_20170111_124432img_20170112_225644img_20170122_092524

Anuncios

10 Cosas sobre mí

No me gusta hablar sobre mí, no soy de las que suele esconderse bajo alguna mascara o aparentar lo que no es. pero bueno aquí van 10 preguntas que conseguí en algún lugar de la red y decidí compartirlas.

1. ¿Tienes algún apodo?

Uhmm, durante la época de liceo solían decirme Melo, por mi nombre y le agregaban cualquier cantidad de tonterías que se le asociaran. Realmente lo detestaba, pero aprendí a acostumbrarme a eso. Durante la universidad  no se, variaban entre Melli, negra y bebe. Pero el que más me gusta es el de mi sobrino, él me dice Lali.

2. ¿Cuál es el lugar favorito de tu ciudad?

En mi ciudad no existe ningún lugar particular que me haga sentir algo especial, amo mi casa, tengo una buena vista y es el mejor lugar para escribir. El avila tiene su encanto, sin embargo no sería el lugar al que pueda escapar si algún dia necesito espacio. Pero si puedo ampliar el rango, la ciudad de Charlottesville en Virginia (USA) podría ser mi lugar de escape predilecto.

3. ¿Tienes alguna fobia extraña?

Recién descubrí que odio los ratones, los puedo ver de lejos no tengo problemas. de hecho es gracioso verlos paseándose entre los rieles en cualquier estación de NY, ratas del tamaño de un conejo jajaja. Pero descubrí que no puedo tenerlos cerca, me causan nauseas. Hay algo que me causa más temor que los ratones pero prefiero guardarlo para mí.

4. ¿Una canción que secretamente amas y la cantas a toda fuerza cuando estás solo?

Hay varias, existen ciertas canciones que me llenan de una energía extraña pero bueno aquí van:

It’s my life / Bon jovi

Raffaella es mia / Tiziano Ferro

The Reason / Hoobastank

A beautiful lie / 30 seconds to mars

Creo son esas básicamente.

5. ¿Qué te molesta de los demás?

Son demasiadas cosas, la verdad soy un poco huraña y quejona. Lo que no me gusta es básico, no me gusta que hablen mal de los demás, no me gustan las personas con grandes egos que tratan de minimizar a los otros, no me gusta la frialdad con la que muchos ven el mundo, no me gusta el egoismo, las personas que piensan que son los únicos que tienen problemas,los que no voltean a ver a los demás, los que ignoran a los que sufren y necesitan ayuda. Los que no son agradecidos con la vida. etc, etc, etc.

6. ¿De qué lado de la cama duermes?

Del lado izquierdo de la cama, del lado derecho me cuesta conciliar el sueño jajajaja. Pero por lo general doy mil vueltas hasta poder dormirme. (el insomnio me castiga)

7. ¿Cuál es tu frase favorita de un libro?

 

-¿Qué es usted?

-Definir es limitar.

-Déme una pista.

-Los hilos se rompen. Se perdería en el laberinto.

-Usted me confunde, hablemos de otra cosa.

El Retrato de Dorian Gray / Oscar Wilde.

8. ¿Algo que predicas pero en realidad nunca aplicas?

Mantener la calma, mi paciencia es corta y se rebosa con facilidad. El no darle importancia alas cosas, el olvidar, yo no sé olvidar.

9. ¿Cuál es tu comida favorita/alimentos que es mala pero te gusta comer de todos modos?

Papas fritas, las amo con locura.

10. ¿Qué es una frase o una exclamación que dices siempre?

No lo sé, si voy manejando siempre digo la misma grosería una y otra vez en todas su variantes, M…. y en lo cotidiano, creo que se me ha contagiado últimamente la palabra super, todo es super bien, super grande, super cool, super, super.

Fragmento de Utopía.

Les dejo un fragmento de algo más grande en lo que llevo algún tiempo trabajando, sus comentarios y sugerencias son bien recibidas y ¡gracias a los que han leído mis escritos!.

Era esa aurora boreal un acto solemne de la naturaleza para conmigo, los colores  menguaban del verde al morado y pequeños rayos de luz se mecían en forma de hondas  por todo el cielo de horizonte a horizonte. La temperatura templada se sentía reconfortante para mi espíritu, el viento corría pasivamente y a pesar de estar a 10 grados no sentía frío.

Una copa de vino a medio terminar reposaba sobre la madera gastada de aquel muelle donde yacía sentada. Un Cabernet de la mejor calidad, las notas de moras aun bailaban entre mis papilas gustativas, tome la copa y contemplé fijamente el cristal a la vez que mi dedo formaba pequeños círculos por su borde. Ni en mis más furtivas alucinaciones podría haber imaginado este momento tan efímero.

El sonido de una guitarra me trajo de vuelta la realidad. Y allí estaba él, ensimismado entre acordes y armonías, parecía tan irreal, tan intangible aun sentado a mi lado; un gorro gris cubría su cabello, sus ojos cerrados y sus lunares podían notarse bajo la tenue luz que nos alumbraba, no podía pedir más este día. La melodía que emanaba la guitarra  era vivificante, transmitía un aura de seguridad y amor. Absorta observaba cada uno de sus gestos, sus manos sueltas acariciando las cuerdas, el vaivén de su cuerpo al ritmo de la música, la delgada línea de sus labios entre su barba que lanzaba una invitación a besarle.

Y es que quien iba a imaginar que después de lo vivido este ultimo año, aun después de ver mi más sombrío rostro y conocer mis temores, él iba a desafiar toda lógica; sobrepasar toda conexión, tomar mi mano y permanecer a mi lado.  Quien iba a suponer que aquella noche en las calles de Madrid perdida en mí desespero me iba a traer hasta aquí; a uno de los países más al norte de Europa, rodeada de montañas y nieve; hasta este muelle con vista al mar, a una cabaña acogedora donde solo importamos los dos, hasta este hombre que ha sacado la mejor parte de mí.

La música cesa y él abre lentamente los ojos como suponiendo lo que yo me encontraba haciendo, su mirada se choca con la mía y me limito a sonreír.

 – ¿Otra copa de vino? – digo arrojando una invitación con la botella en mi mano.

– Creo que disfrutare esta noche lo más sobrio posible – respondió con una sonrisa picara en los labios

Sentía como mi corazón se iba acelerando con estas palabras, había aprendido a conocerlo pero aun no sabía cómo controlar lo que me hacía sentir.

Fragmento de Utopía

© 2016 Escrito por Poleth Morgal

El Silencio

chamonix-1264746_960_720

En la cima de aquella montaña donde dedicaba largas horas a meditar, en la noche más oscura de enero, un hombre se sentó junto a mí  con media sonrisa en los labios; los arboles se batían con fuerza anunciando una posible tormenta. Él no me causó sensación de temor, por el contrario la curiosidad se vio reflejada en mí; un hombre de figura juvenil pero con aura de sabiduría. Emanaba un olor a madera y geranios que podría hacer a cualquiera disiparse entre remembranzas.

El lugar en el que me encontraba vibraba emanando magia a su alrededor, era la cima más alta rodeada de pinos tan altos que entre sus ramas se perdían los sonidos majestuosos de la naturaleza, por sus hojas caían eventualmente gotas que lograban filtrarse para refrescar el ambiente, una gota cayó en mi rostro y al retirarla pude notar que se transformaba en una mancha sanguinolenta. El hombre reía  mirando atento la sombría y tétrica ciudad, sus ojos se perdían entre luces de autos que avanzaban con premura  por las carreteras.

— ¡Qué curioso! ¿No crees? — dijo sin mover la vista de la ciudad — todos viven en burbujas de tareas sin terminar y cosas nuevas por comenzar a hacer; hoy, ya nadie valora el silencio. Representa una amenaza que debe ser llenada, con música y televisión, con tareas absurdas o conversaciones vacías. Pocos son capaces de enfrentarse a él, porque en el silencio nuestros demonios tocan la puerta, no podemos manejar las situaciones que se van formando, experiencias, vivencias e incontables pensamientos retorcidos ganan terreno en nuestra mente.

— ¿Imaginas silenciar todo por unos días? — Lo majestuoso que sería verlos a todos perdiéndose entre intentos de vociferar palabras necias. Volverían a  ansiar que las acciones pesaran más que las palabras, intentarían por todos los medios llenar con cosas vanas y superfluas el vacío que sienten.

Yo sin embargo solo me limitaba a mirar con detenimiento su cara. Un rostro de rasgos extra mundanos, facciones definidas y cierto aire de decepción en los ojos; parecía que todo su espíritu solo anhelaba el silencio del que tanto hablaba y yo se lo concedí. Escuché con detenimiento lo que debía decir y mientras él hablaba el tono de la ciudad de tornaba cada vez más frío y menos solemne.

— Solía subir a acá a imaginar lo que cientos de personas podrían estar haciendo en ese determinado momento, ¿Estarán yendo a casa? ¿Alguien espera por ellos? O ¿Son de estos tantos perdidos por las calles sin un lugar donde descansar por las noches? Me causaba envidia, deseaba que alguien también me esperara al volver a casa.  — dije examinando las palmas de mis manos. No deseaba verlo a los ojos.

— Son quiméricos tus pensamientos — dijo — Sería más sensato pensar en los pobres infelices que siguen una rutina sin ilusión, aquellos que cree que su sacrificio será recompensado en algún momento. Los que engañan, mienten, estafan y solo se valen de palabras para convencer a todos a su alrededor, sabiendo que al dormir su almohada estará cargada de culpas, ¿los imaginas lidiando con el silencio?

Reflexionaba sobre el asunto y cuanta verdad tenía; cuando otra gota se abrió paso ente entre las ramas tupidas y en esta oportunidad término en mis manos. Mientras miraba el color ensangrentado de la gota un escalofrío recorrió mi cuerpo.

— ¿Qué hay de los asesinos, de todos aquellos que usan la oscuridad y el silencio para perpetrar sus trastadas; no saldrían beneficiados? — dije aún sin comprender que sentimiento era este que aquel hombre me transmitía.

— ¡Imagina el cometer un crimen y no poderte regocijar de él!, imagina asesinos sin la euforia de escuchar a sus víctimas gritar, ¿en qué acaba el juego de un secuestrador que no puede extorsionar? Ladrones que al finalizar el día no pueden disfrutar de la música llenando el ambiente mientras el alcohol y las drogas se expanden por todo su cuerpo, dime ¿cuánto aguantaría un pendenciero repartiendo golpes sin jactarse de ser más que lo demás? — antes de que pudiese responder el continuó

—O solo dime ¿cuántas noches en vela escuchando nada, enfrentándose a sus demonios creas que logren soportar? Antes de tomar sus propias armas y acabar con sus miserables vidas en un acto sórdido que nadie escuchará — Se advertía la desolación reflejada en sus ojos al ver en lo que se convirtió la humanidad.

En ese preciso instante quise llorar, pero detuve las lágrimas al tocar mis ojos.

— ¡Lo siento! — dije sin pensar.

— Tú no debes disculparte por aquello que no has cometido, la sociedad se han en cargado de enmarcar su fin. Buscan salvar el planeta mientras acaban con la humanidad y demás seres vivientes. — su mirada estaba cansada y su figura encorvada, parecía cargar un peso muy grande sobre sus hombros.

— ¿Cuál es tu nombre?

— Me llamo Gabriel — sus ojos brillaron bajo la luz de la luna. Una gota cayó en su mejilla y él la limpió dejando el rastro, como si una lágrima de sangre hubiera brotado.

—El tiempo se acaba — dijo viendo la mancha en su mano.

Yo abrí mis ojos y elevé la mirada al cielo.

— ¿El tiempo para qué?

— Para cambiar lo que son o como hacen las cosas. En cuestión de horas podría acabar con todo para iniciar una nueva sociedad, pero no sabría elegir con la premura de la misión que me han encargado a quiénes debo salvar.

— ¿Por qué me lo cuentas a mí?

— Te estado observado, tu mente es pura; puede que hasta algo fantasiosa como ya te lo he dicho. Ves el lado bueno de la sociedad, pero yo quiero enseñarte lo oscura y sombría que puede ser. Porque si tú me lo pides, yo habré de silenciarlo todo para conseguir con ello hacer sucumbir a las almas más débiles.

— ¿Y qué hay de mí? — No sentía temor en medio de tan extraña situación.

— ¿Qué hay de ti? — dijo entornando sus ojos y pasando su dedos entre su largo cabello castaño, sus grandes ojos azules se oscurecieron.

— Sí, ¿Y si yo formo parte de las almas débiles de las que hablas? ¿Habrás de acabar de igual manera conmigo?

— Tú no eres débil Camille, porque si así fuera yo no estaría en este instante contigo.

— ¿Cómo sabes mi nombre? — dije dejando caer mi quijada.

— Porque tú querida Camille, eres la razón por la que me he mostrado.

— Pero…

— Sólo necesito que observes todo a tu alrededor, presta atención a los pequeños detalles y dime si aún después tus quiméricas observaciones siguen siendo las mismas.

 Un trueno retumbo en el cielo como un bombo y el sonido de los pájaros inundo el ambiente y yo levanté mi rostro al cielo sin comprender lo que sucedía. Gabriel ya no estaba.

Taciturna me hallaba, cuando el olor a geranios anego todo cerca de mí y una mano toco mi hombro, e incapaz de voltear opté por mis ojos cerrar confiando con firmeza en él.

— Después de observar solo di mi nombre y yo vendré hasta ti. —  dijo en un susurro y su cálido aliento recorrió mi cuello haciéndome erizar la piel

— Camille ¿Puedes tú aprender a lidiar con tus propios demonios? — su voz sonó como un eco entre los árboles.

© 2016 Poleth Morgal

El caos y la sociedad.

person-916181_960_720

En el ámbito de la sociedad; por años nos hemos encargado de investigar las posibles causas y consecuencias de los problemas conductuales del ser humano. Desde la frenología hasta el psicoanálisis, han pasado por alto la posibilidad de que sin posibles incitaciones, un hombre pueda actuar por la razón que no debería actuar. Y mientras más nos adentramos en la mente humana mas perverso y oscuro se transforma el camino

Hemos buscado contrarrestar acciones con teorías teológicas, tratando de dar a entender que cada acto tiene una justificación divina, por mas mal sano he inhumano que pueda resultar este acto; mientras textos antiguos han sido modificados a conveniencia de sus lectores y transmisores.

En la actualidad vivo en una sociedad en decadencia, dañada por años de mal información y justificantes, que han conllevado a que los intereses propios lleguen a pesar más que los valores éticos y morales. Donde no logramos ver más allá de aquello que ya nos exploto en la cara; juzgamos años de desidia y confrontación sin compasión, sin entender que haciéndonos llamar una sociedad avanzada no logramos borrar errores que seguimos cometiendo; nos gusta santificar nuestra imagen ante el mundo, escondiéndonos tras una pared mentiras, mientras con acciones derrumbamos todo aquello que profesamos y terminamos vendiendo los valores aprendidos al mejor postor por estatus o dinero.

Ya las sonrisas se volvieron mascaras que ocultan un peso que cada ser lleva en sus hombros; una carga que cada día se convierte en algo difícil de soportar; vemos saludos desde lejos y palmadas en el hombro que con el paso del tiempo se convierten en cuchillos que se van clavando para abrirse paso hacia un destino incierto. Como en el lejano oeste la ley del mas fuerte es la que prevalece. Los momentos de debilidad no son soportados por una sociedad que avanza como un tren sin frenos; y en las estaciones se van quedando los cuerpos caídos de los que no pudieron tomando un respiro para continuar,  que son vistos por todos sin colaborar. Las memorias de héroes que hicieron proezas que ya ni se comentan ya que el objetivo paso a ser vivir un día a la vez y no queda tiempo de rememorar.

El amor paso a un plano donde el cortejar se considera un acto anticuado, los detalles quedaron meramente sobreentendidos; lo carnal avanzó abriéndose paso hasta ocupar el lugar de lo mas esencial y lo realmente esencial quedo suprimido. Conversaciones de noche entre vinos y estrellas, visitas sorpresa y cartas de amor fueron reemplazadas por mensajes de textos e indirectas por redes sociales, las disculpas ya no llegan porque es mas fácil enviar un mensaje con una carita triste, los celos germinan por cualquier razón. Es un amor tan digital como la era en la que vivimos.Y el derecho a sentirse amado, respetado y valorado quedo únicamente para ser contado en textos de literatura antigua.

El feminismo consiguió llegar a su punto cumbre y continuó hacia un camino descontrolado, porque ya no se trata de igualdad de genero y de lograr un equilibrio justo en la convivencia cotidiana, si no que  el giro la balanza al otro extremo

La inocencia quedo interrumpida y los niños parece maquinas criadas por maquinas; ya no los ves reír y compartir travesuras en las calles, ya no corren tocando timbres, inventado juegos y explorando el mundo mientras comparten con amigos y forman lazos para toda la vida. Desde el momento en el que nacen son bebes conectados a equipos electrónicos con el único objetivo de entretenerlos para conseguir ganar tiempo o un espacio personal dentro del ajetreo diario, y en la medida que crecen se vuelven mas dependientes a estos artefactos y ya no consigues desconectarlos para que vean el mundo y vivan la experiencia de lo real.

Cualquier parecido de mi descripción con un mundo post destrucción o a pocos pasos de… puede quedar únicamente en la imaginación del lector que logre comprender que existen cosas que debemos cambiar y valores que rescatar; que vale la pena la educación de antaño, aquella que corregía errores y nunca causo mayor daño, que no debemos enfocarnos en cambiar el mundo porque ese plan lo aspiraron unos tantos que hoy en día descansan en el olvido, solo basta con ser mejores personas particularmente, que no vale la pena esconderse bajo palabras de sabios, de profetas en búsqueda de la salvación anhelada si avanzamos y vamos destruyendo a nuestros iguales. Debemos comprender que no somos mas ni menos que otra persona, que todos tenemos un objetivo y es ser felices.

Que la vida es un viaje que solo dura un rato, y que no debemos hacer como los viajeros inexpertos que con audífonos y distracciones se pierden los paisajes hermosos que se van formando a nuestro alrededor; que debemos voltear a los lados porque el camino no recorremos solos, en este tren nos acompañan personas que se dirigen a destinos distintos al nuestro pero que a final de cuentas comparten el viaje con nosotros.

Aprende de cada lección y se una mejor persona cada día

Poleth. 

© 2016 Por Poleth Morgal